Un corazón en la pancita.

lunes, 2 de mayo de 2011



Hay un miedo muy simpático al exterior. Pero no es gratuito, oh no. Quitarse esta venda de los ojos, arrancarse la ingenuidad como quien se quita una ramita clavada en el dedo meñique. Y pocos queremos hacerlo, pensamos -aún- que es un mundo bueno y enorme, con corazones en nuestras pancitas. Como Carrie, con el vestido blanco, "es una gran noche", se piensa.

Hasta que la cubeta cae. Y no es agua lo que hay en ella.


Young At Heart

lunes, 28 de marzo de 2011

Las canciones viejas me ponen muy triste. Siento que es por esta imagen que todas ellas dan: la de una vida hermosa y burguesa que me gustaría vivir, pero me veo muy lejana a todo eso. Es como si fueran recuerdos que jamás viví, pero son tan nítidos en mi cabeza, que son casi palpables. Como si alguna vez hubiera tenido un vestido de gala, una cigarrera de plata o algún objeto que mereciera un amor indescifrable por su valor sentimental. O como si alguna vez hubiera bailado con Fred Astaire hasta que el sol se asomara por la ventana o tomar una copa de vino mientras hablamos de esos viajes a Nueva York que nunca hicimos. Y estos días me aburren, la juventud (como grupo social) me aburre, todos ellos me aburren. Y un día me dicen "te gusta ir a beber a puro lugar de viejito". Y quizás sí. Quizás porque no hay música a decibeles obscenos, porque no hay parafernalia absurda, porque puedes platicar a gusto. Y es un consuelo cargarle la culpa a los demás, porque tal vez soy yo la aburrida. La que gusta de imaginar una vida linda, cómoda, bailar lento. Recordar esos besos que fueron y que al parecer ahora nunca pasaron. Tirar los sueños al mar, para ver cómo se hacen espuma.

Y este es el espíritu del '87: con un corazón de 70 años. Pero en su propio tiempo, en su propio paso, es jovial. Tan jovial como nuestros besos en Manhattan, como los cigarrillos de buena calidad, como un buen juego de dominó en un domingo cualquiera. Y el problema: nadie baila como tú, Fred Astaire. Nadie es tan joven como tú, Sinatra.

Jamás superaré esta canción

lunes, 14 de febrero de 2011



Sé que es un argumento fácil eso de "tenía los sentidos alterados", pero ese día, en que -dah- tenía los sentidos alterados, esta canción hizo click en mi cerebro y ya no hay vuelta atrás. Salve The Knife. El mundo es mejor por la sola idea de que estas canciones existen.

No he escrito tanto, eso me pone un poco triste. Mucho tiene que ver, con mucha vergüenza lo digo, a que me he sentido muy cansada, tan cansada que me cuesta siquiera seguir escribiendo estas líneas. he cerrado la ventana 3 veces por la misma razón. Pero creí conveniente seguir escribiendo. Escribir que las cosas van. Que la vida no se cansa y yo sí. Estoy bien, sólo cansada. Muy cansada. Necesito el faro.

Don't give up your lover tonight

lunes, 20 de diciembre de 2010

Frivolidades I

martes, 16 de noviembre de 2010

Estas manías que no se quitan tan fácil, todo eso que llevamos arrastrando. Como si hubiéramos estado mucho tiempo en el mar y no podemos salir por las algas que se entrelazan con nuestros tobillos. Así -me gusta pensar- es el pasado: eso que nos mantiene en el mar, agarrándonos del tobillo, del torso, de las manos. Del cuello.

**

El faro. lejano, llegas a él. 
Y los que menos esperas,
ellos  son los que lo vuelven a apagar. 

No lo vemos claro, casi nunca

lunes, 1 de noviembre de 2010

Se acabó octubre. Empiezo noviembre con un desayuno rico, una calaverita de chocolate y una clase de pin pon. Empiezo con este nuevo rush, este feeling y muchas cosas que en español suenan muy adolescentes; no que en inglés suenen maduras, pero son extranjeras. Son outsiders de esta lengua.

Cosas Superficiales / colores

lunes, 13 de septiembre de 2010

1.- Me compré un abrigo. Fui disparada a la tienda pensando que me compraría una chamarra que tiene el cierre al lado derecho y que se veía coquetísimo. Entré y ya no estaba esa prenda. Pregunté a una de las chicas si podían preguntar si estaría por ahí esa chamarra y me dijo que lo iba a chequear. Recorrí la tienda y ahí estaba, este abrigo negro, con los hombros bombachos y largo. Me encantan los abrigos. Lo tomé, me lo probé y el primerito que tomé me quedó. Lo abroché, hice un moñito con la cinta y lo amé inmediatamente. Había otros color café, moka, rojo y este, negro brillante. De curiosidad me probé el rojo y no, es un color prohibido para mi, a menos que sea carmín. Y es que pasa el tiempo y te conoces, ¿No? Yo, por ejemplo, estoy segura que el morado y el turquesa me van bien. Del morado me lo han dicho muchísimas personas, el turquesa es mi segundo color favorito, así que me lo adjudico. La chica regresó diciendo que la chamarra ya no la tendrían sino hasta la siguiente semana y le dije que no importaba. El abrigo era tan bonito. La tela, la caída no era tosca como sucede con otros abrigos. Lo compré y fui feliz.

2.- Me sobró dinero. Pasé a otra tienda y me compré un suéter estilo César Costa en Papá soltero. La paleta de colores es hermosa: café, rosa y beige. Son colores muy femeninos, si me preguntas. Me lo probé y también fue amor a primera vista. Y, oh sí, qué sorpresa: el precio justo. Estas cosas pasan y me hacen feliz.

3.- Hoy me puse una falda negra larga. Tiene años que no la usaba, pues ya la daba por perdida. Ordené mi cuarto de pies a cabeza y ahí estaba, perdida en el clóset. Los olanes volando, con mucha gracia. Soy una mujer tan superficial, que lo mejor que puedo hacer al respecto es disfrutarlo.

Breve pensamiento sobre la muerte III

martes, 27 de julio de 2010

Si le tengo miedo a la muerte, es por una razón muy idiota. Todos tenemos algún miedo que no necesariamente encuentra su origen en un trauma, sino en algo idiota. Mi mayor miedo -las cucarachas- también pertenecen al gremio de los miedos con razones absurdas o que simplemente están ahí, pululando (como ellas). Mi mamá jamás me encerró en la cocina con millones de ellas ni mi papá me perseguía por toda la casa con una en la mano para meterla en mi pulóver (qué palabra tan hermosa). Simplemente un día, en mi cuarto encontré una y empecé a sudar frío, una taquicardia y no podía moverme: era demasiado tarde para huir. Y bueno, como decía, el miedo a la muerte viene por esto: cuando era pequeña y veía el funeral de mi abuelo, me pregunté "¿Qué tal, si por azares del destino (el destino, ese joputa), él recobra la consciencia y se encuentra en un ataud, esperando a morir asfixiado?" Esto, por supuesto, peca de ingenuo y -hago énfasis en lo antes dicho- idiota, porque es imposible que un cadáver recobre un segundo de consciencia, más si está lleno de pelusa y formol. Sin embargo, por más que recuerdo la pelusa y el formol, esa idea que tuve de joven jamás se me quito. Esta idea, a su vez, evolucionó con algo que llamo "el último sufrimiento". Y me pongo a pensar que antes de morir, hay un dejo de sufrimiento ineludible. Aún cuando mueras en la cama rodeado de tus seres queridos, sentir que el corazón se va deteniendo es sufrir. El momento antes de cortarte la cabeza, el segundo antes de que la tostadora conectada caiga en la bañera, el nanosegundo antes de que la bala entre a tu pecho directo al corazón: es ese momento el que me aterra. Y me aterra que, si he sido cuerpo tanto tiempo y muy poco alma, el estar en un féretro me da pavor, porque sólo lo puedo pensar como cuerpo-vivo. ¿Que me cremen? Vi por ahí (en un corto de Hertzfeld) que cuando te queman te explota la cabeza. Me produce pavor, aunque sé que ese ya es sólo un cadáver, lo pienso desde mi yo, carne viva, cuerpo / alma (o como quieras decirle a este motor que me hace escribir esto).

Por otra parte, el otro día vi esto. Ataudes Verticales. También me malviajó un poco.

La Memoria, Magritte.

viernes, 18 de junio de 2010

Dos sueños Dos

miércoles, 9 de junio de 2010

Tuve dos sueños. Uno de ellos nefastito, el otro fue hermoso. Del primero desperté muy mal, con taquicardia y con ganas de no volver a dormir. Del segundo desperté fascinada, con ganas de no levantarme. El primero, hasta eso, más que miedo me provocó una pereza profunda. El segundo me provocó una euforia desenfrenada. En el primero yo permanecía encerrada. En el segundo volaba. El primero, creo que lo he vivido. El segundo, espero que pase. Pronto.

Esas pequeñas trazas de luz y nuez que luego tiene la vida

lunes, 17 de mayo de 2010

Cambios se acercan.
Dejaré el museo, regreso a la tesis y a la música.
Aprenderé a tejer con Idalia :)

Hace tiempo hice una lista, de todo lo que me gustaría hacer. Lo encabeza titularme, por supuesto. Luego sigue aprender a tejer, a bailar, a andar en tacones.

Leo la lista y veo que al menos sí he hecho algunas cosas. Ya aprendí a andar en bici, sólo me falta frenar para no atropellar perritos. He arreglado mi cuarto; tiré muchas cosas a la basura y me sentí muy bien de hacerlo. He tomado muchas fotos con mi Holga, mi Diana y mi nueva Smena :) Vi muchas series, todavía no veo de pi a pa la de The Office, pero vi en menos de tres semanas la de Six Feet under, la mejor serie del mundo entero.
Ahora no puedo comer litro y medio de helado para crisis. Pero creo que todo esto equivale a, al menos, un litro. Y de helado cookies n'cream.

¡Tómala!

Tú tomaste el veneno.

jueves, 22 de abril de 2010

A mi me gusta mi azúcar con café y crema.

Es lo que queda.

lunes, 12 de abril de 2010



I miss you all the time
though you sit next to me
I hope you feel just fine
wherever you may be
whatever's in your way

(I pray for you
for your return
in me you will forever burn)

[Kashmir. Qué bueno tenerte en mi vida otra vez].

La Femme Parallel

viernes, 26 de marzo de 2010

1.- Cansancio extremo. No duermo bien. Me estoy enfermando de la garganta. ughgughgghughgugh.

2.- Cólicos, son bienvenidos.

3.- Sólo pido comunicación. ¿No era la generación de eso? ¿De comunicarse? ¿La generación del agua embotellada?

3.1.-


4.- Sábado de terapia. Me gusta. Soul Rehab.

5.- Muchísima gente.

6.- "Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise" (Neruda).

7.- Mi familia pregunta por ti.

7.1.- El corazón lacerado también.

Breve pensamiento sobre la muerte II

miércoles, 24 de marzo de 2010

El halo que deja la muerte es siempre tan extraño. No puedo dejar de pensar el día que deje de ser ajeno. ¿Cómo salir de ahí? Tampoco sé por qué me ronda tanto esta idea en la cabeza. Supongo que por esta idea de lo repentino. Todo puede ser tan repentino en este mundo. El día en que la sangre clame desde la tierra.

La mort

martes, 16 de marzo de 2010

Breve pensamiento sobre la muerte I

lunes, 15 de marzo de 2010

No entiendo la muerte. Lo que entiendo es que es inminente, natural, siempre ocurre. Pero no entiendo el proceso. No entiendo el irse, no entiendo la ausencia. No entiendo cómo la gente puede sobrevivir la ausencia de algo así. ¿Cómo lidias con una ausencia tan marcada como la que deja la muerte? No lo entiendo. No entiendo el aferrarse a algo tan finito. Acostumbrarte a ver menos personas, a una cama vacía, a un recuerdo extraviado. Y aunque es muy ajeno a mi lo que pasó, no puedo evitar sentir que un día me tocará lidiar con todo eso. Con recordar la ausencia, acostumbrarte a ella. Trato de hablar con alguien, pero todos me dicen lo mismo, que es natural, que es inminente. Yo entiendo todo eso, no soy tan ingenua. ¿Pero como sobrevives la ausencia? ¿Cómo lo aceptas? ¿Te tienes que acostumbrar? Mi madre, mis amigas. Otra persona que pensé me ayudaría, ausente. Mucha ausencia. Y me queda esta proyección de que algún día yo tendré que lidiar con eso y no creo ser tan fuerte. La vida es una costumbre, probablemente también la muerte lo sea.

De esto se trata

lunes, 8 de marzo de 2010

Porque entonces la gente piensa que siempre tiene un derecho. Tiene derecho a hablar de ti, de preguntarte por qué, que por qué dejas que las cosas sean así o por qué evitas que sean de otra manera.

Lo cierto es que la gente no sabe nada. Absolutamente nada.

Esas cosas que no sabías

lunes, 22 de febrero de 2010

El día de hoy presencié algo así como un accidente. No hubo heridos graves ni nada, pero el stress fue demasiado y toda la espalda se me hizo bolita. Y por estos accidentes te das cuenta de lo frágil que es todo, ¿No? Creo que ultimamente estoy generando un miedo a la muerte y cualquier acercamiento a ella me aterra. Proust decía que la vida es algo que aprieta demasiado. Tal vez, no sé, es una cuerda a la que nos aferramos. El miedo a la muerte, el colmo de lo irracional. Y uno siempre muere solo, lo leí en K. Dick, lo vi en Donnie Darko, lo entiendo en la vida. Creo.

Posibilidades

domingo, 21 de febrero de 2010

La posibilidad de sentirse mal, tan fácil caer ahí. Porque después de todo la gente puede ser capaz de todo y yo también, por qué no. Porque tal vez ni existe la tristeza hormonal, como le llaman, sino que simplemente es un crecimiento de lo que ya llevas arrastrando, es una posibilidad. Que lo contrario lo diga un tipo con bata, no lo hace un axioma. La posibilidad de desconfiar, de saber que hasta la persona que jura con la mano en el corazón puede estar con la otra mano atrás con una seña obscena. Todo es posible, lo sé porque también he sido de esas personas capaces de todo. Huir al mar. Si no lo tienes, huir al vacío.
 
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