Breve pensamiento sobre la muerte III

martes, 27 de julio de 2010

Si le tengo miedo a la muerte, es por una razón muy idiota. Todos tenemos algún miedo que no necesariamente encuentra su origen en un trauma, sino en algo idiota. Mi mayor miedo -las cucarachas- también pertenecen al gremio de los miedos con razones absurdas o que simplemente están ahí, pululando (como ellas). Mi mamá jamás me encerró en la cocina con millones de ellas ni mi papá me perseguía por toda la casa con una en la mano para meterla en mi pulóver (qué palabra tan hermosa). Simplemente un día, en mi cuarto encontré una y empecé a sudar frío, una taquicardia y no podía moverme: era demasiado tarde para huir. Y bueno, como decía, el miedo a la muerte viene por esto: cuando era pequeña y veía el funeral de mi abuelo, me pregunté "¿Qué tal, si por azares del destino (el destino, ese joputa), él recobra la consciencia y se encuentra en un ataud, esperando a morir asfixiado?" Esto, por supuesto, peca de ingenuo y -hago énfasis en lo antes dicho- idiota, porque es imposible que un cadáver recobre un segundo de consciencia, más si está lleno de pelusa y formol. Sin embargo, por más que recuerdo la pelusa y el formol, esa idea que tuve de joven jamás se me quito. Esta idea, a su vez, evolucionó con algo que llamo "el último sufrimiento". Y me pongo a pensar que antes de morir, hay un dejo de sufrimiento ineludible. Aún cuando mueras en la cama rodeado de tus seres queridos, sentir que el corazón se va deteniendo es sufrir. El momento antes de cortarte la cabeza, el segundo antes de que la tostadora conectada caiga en la bañera, el nanosegundo antes de que la bala entre a tu pecho directo al corazón: es ese momento el que me aterra. Y me aterra que, si he sido cuerpo tanto tiempo y muy poco alma, el estar en un féretro me da pavor, porque sólo lo puedo pensar como cuerpo-vivo. ¿Que me cremen? Vi por ahí (en un corto de Hertzfeld) que cuando te queman te explota la cabeza. Me produce pavor, aunque sé que ese ya es sólo un cadáver, lo pienso desde mi yo, carne viva, cuerpo / alma (o como quieras decirle a este motor que me hace escribir esto).

Por otra parte, el otro día vi esto. Ataudes Verticales. También me malviajó un poco.

3 comentarios:

Mœxtazzo dijo...

Los vídeos de Hertzfeldt a mí tocaron. En especial 'I'm so proud of you'. Es una de esas pocas obras artísticas que puedo decir que realmente me estremecieron al punto del vértigo y las lágrimas.

Justamente como la muerte, es decir, cuando pienso en ella, es como pensar en vértigo. La huevada es que es un vértigo con el que uno tiene que vivir e incluso pretender que no es TAN importante.

Pues si no es tan importante, no debería estar pensando en ella tanto antes de dormir...

cecilia maldini dijo...

Yo tampoco quiero que me cremen. Prefiero alimentar a mi fauna cadaverica, y revivir en algun gusanito.
NO QUIERO SER un monton de cenizas en una bolsa de papel

Jesús Manuel García dijo...

No te has puesto a pensar que posiblemente, digo solo remotamente... ¿hasta donde se conformara la muerte con nosotros?.. si la agonía termina cuando el corazón se detiene o nuestra alma y espíritu lo viven hasta la ultima célula que deja de vivir.

 
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