Wish I knew what you were looking for.
Might have known what you would find.
And its something quite peculiar,
Something thats shimmering and white.
Leads you here despite your destination,
Under the milky way tonight
(¿Ya vieron Donnie Darko? Buenérrima).
Platicando con Bob
sábado, 8 de agosto de 2009
Yo:
Maldita es la terapia.
Tan caras las sesiones y tan todo.
Bob:
Me la imagino.
Yo quería unas, pero luego vi
que ningún programa pobretón
le da la mano al clasemediero
que no sabe lo que quiere...
[Bob]
Maldita es la terapia.
Tan caras las sesiones y tan todo.
Bob:
Me la imagino.
Yo quería unas, pero luego vi
que ningún programa pobretón
le da la mano al clasemediero
que no sabe lo que quiere...
[Bob]
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Octopus Queque
Pero hay cosas que el corazón prefiere ocultarte
viernes, 7 de agosto de 2009
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Octopus Queque
Este post lo guardé un 1 /10 / 2008 y nunca lo terminé.
martes, 4 de agosto de 2009
Del recuerdo se puede decir muchas cosas. Se puede definir como una esfera vivencial pasada pero por medio de las ideas está presente, gracias a la memoria. Se puede tomar como un regreso imaginario, una imagen poética, lo que sea. Lo que mejor se puede decir del recuerdo es que lo más importante es lo que evoca. Ejemplo: Con quién lo viviste, en qué tiempos, qué cosas lo rodeaban. El recuerdo es lo que hace a un sujeto (aunque, no es un factor definitivo, pues el sujeto siempre se renueva, aunque a veces sienta una especie de "estancamiento").
Los problemas que abarca el fenómeno del recuerdo.
a) Cuando el sujeto trata de olvidar su pasado, todo recuerdo, pues básicamente lo que trata de olvidar es a él mismo en otro espacio y en otro tiempo.
b) También encontramos la llamada "añoranza" que es el apego fuerte por un mismo recuerdo. Ese mismo apego puede ser perjudicial para el individuo, pues lo puede colocar en la pendiente de no saber si su presente vale, por lo menos, dos carajos.
¿Existe la valorización para esto llamado "el recuerdo"?
La única persona que valora dichas cosas es el sujeto mismo, así que, hipotéticamente, el recuerdo sólo puede ser equilibrado por la persona que lo atesora o lo aborrece. ¿Hasta qué punto 'el otro' puede valorar esos mismo recuerdos? El primer despecho, el primer beso, el primer sentimiento de odio/amor/miedo a alguien (entre otras pasiones y emociones).
Lo que el recuerdo engloba es parte del mundo del individuo. Un estudio interesante sería ver cómo las personas reaccionan a la hora de recordar estos momentos. Sonreir, desviar la mirada, indiferencia o, para mi una de las peores cosas, decepción.
**
El otro día fui a ver una película. Pasaron al protagonista en una situación bastante similar a una que yo pasé (proyección) y, como debió ser, recordé el momento en que yo lo viví. Recuerdo cierto momento en que yo, ciega, dije algo de lo cual yo era libre de decir, pero que -seña de decepción- estaba demás. Eso me lleva a recordar otras situaciones que me hacen tomar una segunda conciencia de las cosas y, aún así, evado todo, pongo la mente en blanco y regreso a la película.
**
La cadena de recuerdos también es parte del ser humano. La posibilidad de dar vínculos a su recuerdo no sólo engloba un intento por universalizar todo lo que él "ha sido" sino que implica la fluidez con que las imágenes son llevadas a la memoria, produciendo el recuerdo.
Ahora bien, ¿Se puede hablar de un equilibrio entre lo bueno y lo malo, en esto del recuerdo? No lo creo. Así como dos errores no hacen un acierto, cien recuerdos buenos, no quitan uno malo. Puede que sea injusto, pero por lo común los recuerdos malos suelen envenenar más que los buenos (estos últimos, a mi parecer, envenenan la voluntad). El "recuerdo malo" pesa más que el bueno, por el siemple hecho de que puede funcionar como un detonante para terminar con un presente o, bien, revivir un "pasado" (que, como se puede cuestionar ¿Qué tanto permanece en el pasado?).
**
Dios me perdone de querer sistematizar todas estas estupideces.
Los problemas que abarca el fenómeno del recuerdo.
a) Cuando el sujeto trata de olvidar su pasado, todo recuerdo, pues básicamente lo que trata de olvidar es a él mismo en otro espacio y en otro tiempo.
b) También encontramos la llamada "añoranza" que es el apego fuerte por un mismo recuerdo. Ese mismo apego puede ser perjudicial para el individuo, pues lo puede colocar en la pendiente de no saber si su presente vale, por lo menos, dos carajos.
¿Existe la valorización para esto llamado "el recuerdo"?
La única persona que valora dichas cosas es el sujeto mismo, así que, hipotéticamente, el recuerdo sólo puede ser equilibrado por la persona que lo atesora o lo aborrece. ¿Hasta qué punto 'el otro' puede valorar esos mismo recuerdos? El primer despecho, el primer beso, el primer sentimiento de odio/amor/miedo a alguien (entre otras pasiones y emociones).
Lo que el recuerdo engloba es parte del mundo del individuo. Un estudio interesante sería ver cómo las personas reaccionan a la hora de recordar estos momentos. Sonreir, desviar la mirada, indiferencia o, para mi una de las peores cosas, decepción.
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El otro día fui a ver una película. Pasaron al protagonista en una situación bastante similar a una que yo pasé (proyección) y, como debió ser, recordé el momento en que yo lo viví. Recuerdo cierto momento en que yo, ciega, dije algo de lo cual yo era libre de decir, pero que -seña de decepción- estaba demás. Eso me lleva a recordar otras situaciones que me hacen tomar una segunda conciencia de las cosas y, aún así, evado todo, pongo la mente en blanco y regreso a la película.
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La cadena de recuerdos también es parte del ser humano. La posibilidad de dar vínculos a su recuerdo no sólo engloba un intento por universalizar todo lo que él "ha sido" sino que implica la fluidez con que las imágenes son llevadas a la memoria, produciendo el recuerdo.
Ahora bien, ¿Se puede hablar de un equilibrio entre lo bueno y lo malo, en esto del recuerdo? No lo creo. Así como dos errores no hacen un acierto, cien recuerdos buenos, no quitan uno malo. Puede que sea injusto, pero por lo común los recuerdos malos suelen envenenar más que los buenos (estos últimos, a mi parecer, envenenan la voluntad). El "recuerdo malo" pesa más que el bueno, por el siemple hecho de que puede funcionar como un detonante para terminar con un presente o, bien, revivir un "pasado" (que, como se puede cuestionar ¿Qué tanto permanece en el pasado?).
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Dios me perdone de querer sistematizar todas estas estupideces.
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Octopus Queque
Philip K. Dick - Quisiera Llegar Pronto
viernes, 31 de julio de 2009
De golpe, se encontró llorando. Lo asombraban esas lágrimas. Martine se fue, el póster está deteriorado, la casa se está desmoronando; no hay comida en la cocina. Esto es terrible -pensó- y no lo entiendo.
La nave lo entendía. la nave había estado monitorizando cuidadosamente las ondas cerebrales de Victor Kemmings, y la nave sabía que algo andaba mal. Las formas de las ondas mostraban agitación y dolor. "Debo sacarlo de este circuito de alimentación o lo mataré", decidió la nave. "¿Dónde está la falla? preocupación latente en el hombre; ansiedades subyacentes. Tal vez si intensifico la señal. Usaré la misma fuente pero subiré la carga. Lo que ha sucedido es que inseguridades subliminales masivas han tomado posesión de él; la culpa no es mía sino que reside, en cambio, en su configuración psicológica".
[...]
—Me quedaré contigo hasta que para ti sea real —dijo Martine.
—Trataré de revivir la parte de la gata —dijo él—, y esta vez no alzaré a la gata y no le dejaré cazar el pájaro. Si hago eso, tal vez mi vida cambie y encuentre la felicidad. La realidad. Mi verdadero error fue separarme de ti. Mira, te atravesaré con la mano. —Le apoyó la mano en el brazo. La presión de los músculos de él era fuerte; ella sintió el peso, la presencia física de él contra ella. —¿Ves? —dijo él—. Pasa a través de ti.
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Octopus Queque
I love you but enough is enough (is enough)
miércoles, 22 de julio de 2009
we thought you had it in you
but no, no, no
for no real reason
(Oooh y me llega la verdad: discazo el In Rainbows.)
but no, no, no
for no real reason
(Oooh y me llega la verdad: discazo el In Rainbows.)
Cosas que son buenas
jueves, 9 de julio de 2009
1.- El olor a pan tostado
2.- Dormir
3.- Andar en bici
4.- palíndromos graciosos
5.- paleta helada de coco
:)
2.- Dormir
3.- Andar en bici
4.- palíndromos graciosos
5.- paleta helada de coco
:)
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Octopus Queque
El mar es algo muy grande, todavía más grande que el botecito en el que voy.
jueves, 11 de junio de 2009
De repente, todo apunta a estar bien. Me gusta esta manera más relajada de ver las cosas. Es bueno tener estos rayos de luz (como bien me lo enseñó Duchamp, aunque él se haya referido con ese término a otras cosas). De hecho creo que nunca había dicho, al menos no en el blog, que toda metáfora que incluya a la luz es de mis favoritas. Evidentemente mi favorita es el momento de la creación. Que se haga la luz es como si empezara la vida, como si así tuviera que iniciar todo. La vez en que Godard dijo:
Es algo magnífico. Y bueno, creo que al menos, en estos momentos, un rayo de luz está por aquí, un rayón de lumiére. Pero sé que se puede ir, es la posibilidad de que las cosas pueden derrumbarse, es lo normal, es como un ciclo. Pero mientras espero que pase (o mejor quito el "espero" y dejo "pero mientras pasa"), cito a ¡Forward, Russia! Una vez más:

El título del post hace referencia al Libro Perdido y Encontrado de Oliver Jeffers. El mar, tan inmenso. Desde el mar no hay piedad / si vos no te mojás / Se cansó
la ansiedad, la pena y el dolor. (dice Lisandro Aristimuño).
"The Principle of Cinema:
Go towards the light
And shine It On Our Night".
Es algo magnífico. Y bueno, creo que al menos, en estos momentos, un rayo de luz está por aquí, un rayón de lumiére. Pero sé que se puede ir, es la posibilidad de que las cosas pueden derrumbarse, es lo normal, es como un ciclo. Pero mientras espero que pase (o mejor quito el "espero" y dejo "pero mientras pasa"), cito a ¡Forward, Russia! Una vez más:
But blissful lights still happen / Through the darkest days

El título del post hace referencia al Libro Perdido y Encontrado de Oliver Jeffers. El mar, tan inmenso. Desde el mar no hay piedad / si vos no te mojás / Se cansó
la ansiedad, la pena y el dolor. (dice Lisandro Aristimuño).
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Octopus Queque
forget what you came for / and give up what you love
miércoles, 20 de mayo de 2009
El otro día, J. resolvió una duda que siempre había yo tenido durante mucho tiempo. Me dijo que cuando la gente moría en la hoguera, llegaba un punto en el que se dejaba de sentir dolor. Yo no entendía esto porque mi cuestión era que uno moría con ese dolor, siendo ese dolor. Pero, me explicó que era como si el cerebro sólo se desenchufara y simplemente las cosas pasaban: tu cuerpo ardía hasta que todo dejara de responder. Y me puse a pensar que si ese mismo fenómeno podría pasar en el terreno de lo sentimental. Como entrar en una melancolía tan pura y extrema que ya después sólo dejas de sentir. Supongo que debería ser de una intensidad tan grande que puede que ocurra eso. O total, no dejar de sentir al 100%, sino más bien que se manifieste como una indiferencia o algo. Algún psicólogo debe haber teorizado algo ya. Ella me dijo que es posible y creo que concuerdo. Pero es teoría que no quisiera vivir, la verdad.
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Octopus Queque
Antes de conocerte, el brillo en mis ojos era más fuerte que el de un foco de 100 watts.
domingo, 10 de mayo de 2009
Ya tiene como tres años que no escribo cuentito simpático, como el de Cristina, que era malo, pero nada más era escribir por escribir. Accedo a otro, porque el insomnio está rudo. Lo recuerdo: no tiene que ser bueno, namás fluir, ir con la corriente.
**
La relación con Celeste no iba de lo mejor, lo debo aceptar. Desde que tuvimos todos esa mezcla de problemas, que incluía el hecho de que ambos trabajábamos y nos dedicábamos rachas de indiferencia violentísimas el uno al otro, decidimos dejar nuestra relación en el plano de lo sexual. Simplemente nos veíamos para el acto y después no había más. No había llamadas, no había regalos, no había ritos ni esas cosas de las que están llenas las relaciones que, dícese, funcionan. Creo que a ella no le molesta el hecho de que todo sea tan plano -a la larga resulta un poco vacío- o al menos parece que ella está cómoda. Por mi parte, la extraño. Sí, bueno, yo podía vivir sumergido en papeles y películas por dos semanas y lo último que me pasaba por la cabeza era preguntarme dónde estaba ella. No es que no la quisiera o que no me importara (eso jamás), es sólo que no me nacía eso de preocuparme (y a ella tampoco). El problema, pues, era sumergirnos en todo, pero procurábamos no adentrarnos en la relación. Varias veces se me olvidó recogerla al trabajo (y todas esas veces a ella se le olvidó que yo la iba a recoger y tomaba un taxi y regresaba a casa con una o dos horas antes que la que ella me había dicho para ir por ella).
Así, un día, mientras cenábamos, nos quedamos viendo directamente a los ojos durante mucho tiempo. Yo veía la finura de su cara, su pelo negro, sus ojos finamente maquillados, su camisa carmesí y la manera en que sostenía los cubiertos. Ella, tal vez, se fijaba en mi cabello maltratado, mis ojos cansados, mi camisa azul y la manera en que sostenía mis cubiertos.
- Siento que estamos tan lejos - musitaron sus labios carmesí.
- Lo sé - dije, con mi boca reseca.
- ¿Crees que debamos cambiar las cosas?
- ¿Cómo puedes cambiar lo que no pasa?
- Pues, podemos seguir el modelo, cambiemos lo mínimo.
- Explícate.
- Sólo veámonos para lo que realmente hacemos. Nada más.
- ¿Te refieres al acto sexual?
- Me refiero al acto sexual.
- Muy bien.
Ella y yo nunca nos vimos en la necesidad de tener silencios incómodos. Las conversaciones se iban hilando por sí solas, en el caso de que llegaramos a platicar. Terminando la cena, recolecté mis cosas. Vivíamos en departamentos separados, a dos cuadras de distancia. Tomé los libros, los dibujos, las fotografías. Ella me dio unos regalos que le di, como un collar, unos broches de cristal para el pelo y una camisa Christian Dior mia, que ella utilizaba para dormir. Salimos de su departamento y fuimos al mío. Yo le dí unos zapatos que dejó, una bufanda, algunas revistas de moda que había dejado cuando buscaba cambiar un poco su vestimenta y unas películas que traían cortos de Bill Plympton. Cuando abrió la puerta, me dijo:
- Yo te mando mensaje, ¿Vale?
- Vale
Y se fue. Yo arreglé el deparamento de tal manera que no notara la ausencia de las revistas, las ropa y las películas que se había llevado. En su lugar, puse los libros, pegué los dibujos y colgué la camisa Christian Dior en el clóset. Me senté en el sillón y vi un rato la televisión, como era domingo en la noche, no había nada entretenido. Hubiera sido bueno ver los cortos de Bill Plympton, qué mal que Celeste se los había llevado con ella. La cosa con ella es que sabíamos de qué se trataba esto, no era un problema en donde hubiera aburrición o que uno sospechara del otro por adulterio. Simplemente, no dedicábamos la vida a la relación, eso nos extrañaba, por eso hicimos esto, que quién sabe si sea lo correcto, pero algo era algo. Lo que sea. Lo mínimo.
La primera vez que nos vimos, fue para ir a un hotel. Como los dos ganábamos dinero muy bien, eso de gastar para ir a un hotel era una nimiedad. Entramos al cuarto y todo estaba muy limpio, muy elegante, nada vulgar, justo como nos gustaba a los dos: sobrio, minimo. Ella se quitó su abrigo café -que le llegaba a las rodillas- y fue quitándose la ropa, muy mecánico todo. Por mi parte, pues, me fui quitando el saco, el chaleco, la corbata. Ella fue la primera en quitarse toda la ropa y se sentó en la cama. Cuando terminé de quitarme los calcetinas, me senté junto a ella. Me le quedé viendo a su pelo negro, suelto, que reposaba en sus hombros denudos. Sus brazos, sus pechos. Ella seguro sólo veía un hombre acabado, siempre me he sentido así. En el silencio, antes de acercarme a ella, no me había dado cuenta de lo ajeno que me sentía a ese momento. Y no sólo al momento, lo ajeno que me sentía a ella. Entre mi vacío foráneo y ella -corporalmente- existía un puente que no podía esperar a terminar de cruzar. Pero con ella, al final del puente, siempre sentía que había una luz con la que me podía quedar. Creo que la quería, a Celeste.
Lo malo de estos encuentros, es que cuando terminaba el acto sexual, ella robóticamente se vestía, tomaba sus cosas y se iba. No puedo mentir que eso me mataba, pero jamás hice algo por detenerla, y no sé si exactamente era eso lo que quería. Nunca la tomé del brazo y le dije "quédate". Sólo la dejaba ir. Aunque el acto hubiera sido bueno o malo, ella se iba. De vez en vez se quedaba en el lado izquierdo de la cama, descansaba unos segundos y hacía lo mismo, lo de tomar la ropa, guardar sus cosas, despedirse, salir por la puerta y yo, todavía en la cama, fumaba o veía a la ventana.
Pero hubo esta vez que pasó algo totalmente diferente: ella se quedó en la cama. Descansó un poco, pero en lugar de levantarse, ponerse su ropa y después su gran abrigo para protegerse de la nieve, tomar sus cosas e irse mientras yo fumaba o veía la ventana, se dio la media vuelta y se quedó quieta, muda. Yo no sabía qué hacer. A partir de acostumbrarme a la idea de siempre verla irse, el hecho de que se quedara sobrecargaba mi rutina defensiva. ¿Debería irme? ¿Abrazarla? ¿Levantarme y dar vueltas sobre mi mismo eje? Era un problema casi moral el que tenía en las manos, sentía como si de mi dependiera lo que siguiera en ese instante de vida. Resolví por hacer algo que, pensé, sería normal: me acerqué a su cuerpo y la abracé.
- ¿Qué haces? - dijo Celeste.
- Te abrazo.
- Yo sólo quería descansar un poco, Bruno.
- Ah. Bueno. Entonces, me doy la media vuelta.
- Te das la media vuelta.
No entendía nada. Esto era un patrón destruido y no sabía si quería que se repitiera. Ella no debía quedarse, maldita sea. La línea recta de la costumbre en la que se basaba ya mi relación con Celeste, ahora estaba estancada, marcando puros garabatos. ¿Por qué no se fue? ¿Por qué distorsionar la costumbre de su huida?¿Por qué me importa y, en lugar de abrazarla, por qué no la dejé agonizar sola? A la media hora se fue. Diez minutos después de su partida, yo me fui a cenar, una ensalada de espinacas con una copa de vino. Pese a que en el día hubo un momento de titubeo que nunca entendí por qué sentí, esa noche dormí como siempre: bien.
**
La relación con Celeste no iba de lo mejor, lo debo aceptar. Desde que tuvimos todos esa mezcla de problemas, que incluía el hecho de que ambos trabajábamos y nos dedicábamos rachas de indiferencia violentísimas el uno al otro, decidimos dejar nuestra relación en el plano de lo sexual. Simplemente nos veíamos para el acto y después no había más. No había llamadas, no había regalos, no había ritos ni esas cosas de las que están llenas las relaciones que, dícese, funcionan. Creo que a ella no le molesta el hecho de que todo sea tan plano -a la larga resulta un poco vacío- o al menos parece que ella está cómoda. Por mi parte, la extraño. Sí, bueno, yo podía vivir sumergido en papeles y películas por dos semanas y lo último que me pasaba por la cabeza era preguntarme dónde estaba ella. No es que no la quisiera o que no me importara (eso jamás), es sólo que no me nacía eso de preocuparme (y a ella tampoco). El problema, pues, era sumergirnos en todo, pero procurábamos no adentrarnos en la relación. Varias veces se me olvidó recogerla al trabajo (y todas esas veces a ella se le olvidó que yo la iba a recoger y tomaba un taxi y regresaba a casa con una o dos horas antes que la que ella me había dicho para ir por ella).
Así, un día, mientras cenábamos, nos quedamos viendo directamente a los ojos durante mucho tiempo. Yo veía la finura de su cara, su pelo negro, sus ojos finamente maquillados, su camisa carmesí y la manera en que sostenía los cubiertos. Ella, tal vez, se fijaba en mi cabello maltratado, mis ojos cansados, mi camisa azul y la manera en que sostenía mis cubiertos.
- Siento que estamos tan lejos - musitaron sus labios carmesí.
- Lo sé - dije, con mi boca reseca.
- ¿Crees que debamos cambiar las cosas?
- ¿Cómo puedes cambiar lo que no pasa?
- Pues, podemos seguir el modelo, cambiemos lo mínimo.
- Explícate.
- Sólo veámonos para lo que realmente hacemos. Nada más.
- ¿Te refieres al acto sexual?
- Me refiero al acto sexual.
- Muy bien.
Ella y yo nunca nos vimos en la necesidad de tener silencios incómodos. Las conversaciones se iban hilando por sí solas, en el caso de que llegaramos a platicar. Terminando la cena, recolecté mis cosas. Vivíamos en departamentos separados, a dos cuadras de distancia. Tomé los libros, los dibujos, las fotografías. Ella me dio unos regalos que le di, como un collar, unos broches de cristal para el pelo y una camisa Christian Dior mia, que ella utilizaba para dormir. Salimos de su departamento y fuimos al mío. Yo le dí unos zapatos que dejó, una bufanda, algunas revistas de moda que había dejado cuando buscaba cambiar un poco su vestimenta y unas películas que traían cortos de Bill Plympton. Cuando abrió la puerta, me dijo:
- Yo te mando mensaje, ¿Vale?
- Vale
Y se fue. Yo arreglé el deparamento de tal manera que no notara la ausencia de las revistas, las ropa y las películas que se había llevado. En su lugar, puse los libros, pegué los dibujos y colgué la camisa Christian Dior en el clóset. Me senté en el sillón y vi un rato la televisión, como era domingo en la noche, no había nada entretenido. Hubiera sido bueno ver los cortos de Bill Plympton, qué mal que Celeste se los había llevado con ella. La cosa con ella es que sabíamos de qué se trataba esto, no era un problema en donde hubiera aburrición o que uno sospechara del otro por adulterio. Simplemente, no dedicábamos la vida a la relación, eso nos extrañaba, por eso hicimos esto, que quién sabe si sea lo correcto, pero algo era algo. Lo que sea. Lo mínimo.
La primera vez que nos vimos, fue para ir a un hotel. Como los dos ganábamos dinero muy bien, eso de gastar para ir a un hotel era una nimiedad. Entramos al cuarto y todo estaba muy limpio, muy elegante, nada vulgar, justo como nos gustaba a los dos: sobrio, minimo. Ella se quitó su abrigo café -que le llegaba a las rodillas- y fue quitándose la ropa, muy mecánico todo. Por mi parte, pues, me fui quitando el saco, el chaleco, la corbata. Ella fue la primera en quitarse toda la ropa y se sentó en la cama. Cuando terminé de quitarme los calcetinas, me senté junto a ella. Me le quedé viendo a su pelo negro, suelto, que reposaba en sus hombros denudos. Sus brazos, sus pechos. Ella seguro sólo veía un hombre acabado, siempre me he sentido así. En el silencio, antes de acercarme a ella, no me había dado cuenta de lo ajeno que me sentía a ese momento. Y no sólo al momento, lo ajeno que me sentía a ella. Entre mi vacío foráneo y ella -corporalmente- existía un puente que no podía esperar a terminar de cruzar. Pero con ella, al final del puente, siempre sentía que había una luz con la que me podía quedar. Creo que la quería, a Celeste.
Lo malo de estos encuentros, es que cuando terminaba el acto sexual, ella robóticamente se vestía, tomaba sus cosas y se iba. No puedo mentir que eso me mataba, pero jamás hice algo por detenerla, y no sé si exactamente era eso lo que quería. Nunca la tomé del brazo y le dije "quédate". Sólo la dejaba ir. Aunque el acto hubiera sido bueno o malo, ella se iba. De vez en vez se quedaba en el lado izquierdo de la cama, descansaba unos segundos y hacía lo mismo, lo de tomar la ropa, guardar sus cosas, despedirse, salir por la puerta y yo, todavía en la cama, fumaba o veía a la ventana.
Pero hubo esta vez que pasó algo totalmente diferente: ella se quedó en la cama. Descansó un poco, pero en lugar de levantarse, ponerse su ropa y después su gran abrigo para protegerse de la nieve, tomar sus cosas e irse mientras yo fumaba o veía la ventana, se dio la media vuelta y se quedó quieta, muda. Yo no sabía qué hacer. A partir de acostumbrarme a la idea de siempre verla irse, el hecho de que se quedara sobrecargaba mi rutina defensiva. ¿Debería irme? ¿Abrazarla? ¿Levantarme y dar vueltas sobre mi mismo eje? Era un problema casi moral el que tenía en las manos, sentía como si de mi dependiera lo que siguiera en ese instante de vida. Resolví por hacer algo que, pensé, sería normal: me acerqué a su cuerpo y la abracé.
- ¿Qué haces? - dijo Celeste.
- Te abrazo.
- Yo sólo quería descansar un poco, Bruno.
- Ah. Bueno. Entonces, me doy la media vuelta.
- Te das la media vuelta.
No entendía nada. Esto era un patrón destruido y no sabía si quería que se repitiera. Ella no debía quedarse, maldita sea. La línea recta de la costumbre en la que se basaba ya mi relación con Celeste, ahora estaba estancada, marcando puros garabatos. ¿Por qué no se fue? ¿Por qué distorsionar la costumbre de su huida?¿Por qué me importa y, en lugar de abrazarla, por qué no la dejé agonizar sola? A la media hora se fue. Diez minutos después de su partida, yo me fui a cenar, una ensalada de espinacas con una copa de vino. Pese a que en el día hubo un momento de titubeo que nunca entendí por qué sentí, esa noche dormí como siempre: bien.
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Octopus Queque
Arab Strap - Amor Veneris
miércoles, 22 de abril de 2009
It wasn’t long ago
We went on guided tours.
But I forgot what it meant
To pretend my hand is yours.
(L).
We went on guided tours.
But I forgot what it meant
To pretend my hand is yours.
(L).
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Excuse me, come again?
sábado, 18 de abril de 2009
Con cada persona que se entabla una conversación, existe un lenguaje diferente, ya sea corporal, ya sea expresado oralmente. Puede ir desde qué haces con las manos (cuando voy a un restaurante, a veces tomo un mechón de pelo y lo pongo atrás de mi oreja mientras pido la orden), hasta dónde diriges la mirada (la mayoría de las personas miran hacia arriba cuando están a punto de llorar pero no lo quieren hacer, como si dependiera de la ley de gravedad). Sin embargo, con ciertas (pocas) personas, existe una especie de lenguaje secreto, propio, que también implica miradas perdidas, palabras en clave, imágenes evocadas con el fin de conectar recuerdos.
**
Roland Barthes (Fragmentos de un discurso amoroso).
**
Este lenguaje íntimo, tan propio, es como si uno hablara un idioma y la otra persona hablara otro, pero que aún así se entendieran. En el momento en que uno diga "¿Qué dijiste?" y el otro tampoco entienda la pregunta, es que el lenguaje ha desaparecido o, mejor dicho, ha devenido olvido.
**
También Roland Barthes.
**
El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje con el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (El lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación
Roland Barthes (Fragmentos de un discurso amoroso).
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Este lenguaje íntimo, tan propio, es como si uno hablara un idioma y la otra persona hablara otro, pero que aún así se entendieran. En el momento en que uno diga "¿Qué dijiste?" y el otro tampoco entienda la pregunta, es que el lenguaje ha desaparecido o, mejor dicho, ha devenido olvido.
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Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: es el galanteo.
También Roland Barthes.
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Si ella está en el centro del cuarto, sin hacer nada, no te puedo decir cómo está, porque tiene los ojos cerrados.
martes, 14 de abril de 2009
No sé por qué el fin del mundo lo relaciono tanto con el color turquesa.
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Every Morning You Shine
viernes, 10 de abril de 2009
Un cambio al blog. Como que estaba de ociosa leyendo uno que otro post (recordar los viejos tiempos, el blog es bueno para eso y, por ende, malo para el alma) y me di cuenta de lo sobrio que se veía. Así que, un poco de color, por qué no, maldita sea. La foto, o intento de, es de un semáforo, creo, mientras iba en el coche camino a casa. No entiendo por qué demonios me gusta tanto esa imagen, me gusta pensar en el movimiento de la luz capturado en una foto, aunque la trampa es que es uno el que se mueve para lograr la figura.
**
Desde que leí El Ladrón De chicles de Coupland, no me quito de la cabeza eso de que las cosas no se superan, sino que te acostumbras a una nueva vida, a un nuevo momento, si es que se puede decir así. Y es fácil comprobarlo, piensa en tu último gran-problema-no-resuelto y pregunta: "¿Cuándo y cómo lo superaste?" Lo sensato -si, es un acto de sensatez- es que no lo superas, te acostumbras a una nueva fase, que conlleva frustración, tal vez depresión y aceptación, pero la superación es tan lejana, podría decir -sí, me atrevo a decirlo- poco humano. Se me hace inhumano el olvido, aunque es insoportable también, es mucho peso para hombros tan frágiles. Sí, el recuerdo contiene melancolía, tristeza, rencor. Pero vieras que la costumbre de estos nuevos momentos se me hace algo más humano que creer la posibilidad de olvidar personas. Se me hace todavía más humano que tirar recuerdos como si fueran fotos indiferentes que salieron mal en el último rollo.
**
Y es que de ti, ay, no sé nada, nada, nada.
Y es que no puedo verte a los ojos.
Y es que te tengo mucho temor.
(Creo que tengo un crush con Juan Son. Espero se me pase pronto. Si me lo preguntan en la vida real, lo negaré rotundamente).
**
Desde que leí El Ladrón De chicles de Coupland, no me quito de la cabeza eso de que las cosas no se superan, sino que te acostumbras a una nueva vida, a un nuevo momento, si es que se puede decir así. Y es fácil comprobarlo, piensa en tu último gran-problema-no-resuelto y pregunta: "¿Cuándo y cómo lo superaste?" Lo sensato -si, es un acto de sensatez- es que no lo superas, te acostumbras a una nueva fase, que conlleva frustración, tal vez depresión y aceptación, pero la superación es tan lejana, podría decir -sí, me atrevo a decirlo- poco humano. Se me hace inhumano el olvido, aunque es insoportable también, es mucho peso para hombros tan frágiles. Sí, el recuerdo contiene melancolía, tristeza, rencor. Pero vieras que la costumbre de estos nuevos momentos se me hace algo más humano que creer la posibilidad de olvidar personas. Se me hace todavía más humano que tirar recuerdos como si fueran fotos indiferentes que salieron mal en el último rollo.
**
Y es que de ti, ay, no sé nada, nada, nada.
Y es que no puedo verte a los ojos.
Y es que te tengo mucho temor.
(Creo que tengo un crush con Juan Son. Espero se me pase pronto. Si me lo preguntan en la vida real, lo negaré rotundamente).
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Octopus Queque
La vida era más pasajera, Otoño, cuando aún podíamos nadar entre tus hojas
jueves, 9 de abril de 2009
Otoño, querido, te extraño tanto.
Con tus prendas color café y tu olor a miel.
Con esa tristeza tan tuya, innata,
que siempre nos acompaña al caminar.
Otoño, extraño sumergirme en ti.
No eres como este absurdo calor
que bajo sus sábanas no hay besos,
sino navajazos que surgen de las brasas.
Otoño, tus hojas ya no me cortan.
Estás tan ausente, tan irrepetible;
no es lo mismo este susurrar en mi cabello
sin el rastro de tus cenizas en el viento.
Otoño, sin ti las calles están limpias
y la una de la tarde es insoportable.
Pero, con cierto enojo, te entiendo:
el irte es un ciclo, ya está en tu naturaleza.
Con tus prendas color café y tu olor a miel.
Con esa tristeza tan tuya, innata,
que siempre nos acompaña al caminar.
Otoño, extraño sumergirme en ti.
No eres como este absurdo calor
que bajo sus sábanas no hay besos,
sino navajazos que surgen de las brasas.
Otoño, tus hojas ya no me cortan.
Estás tan ausente, tan irrepetible;
no es lo mismo este susurrar en mi cabello
sin el rastro de tus cenizas en el viento.
Otoño, sin ti las calles están limpias
y la una de la tarde es insoportable.
Pero, con cierto enojo, te entiendo:
el irte es un ciclo, ya está en tu naturaleza.
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Octopus Queque
Pequeñas cosas
viernes, 27 de marzo de 2009
Graciela, de quien soy fans, me dice que nota mi angst con la frase de The Dears, aquella que dictamina que el romance muere a los 22. La verdad, lo que he aprendido, es que muere a cualquier edad, en cualquier momento y es como tirarte, tocar fondo y seguir cavando. La verdad, las cosas podrían ser peor: podrías seguir esforzándote. Pero ahora tienes una referencia (los 22 años), la cual no se fundamenta en nada, pero lo raro es que todo se va concretando para llegar ahí. Pero la esperanza: que ellos estén equivocados.
**
Guardo dos compases de respiro.
(...)
Guardo dos compases de alivio.
(...)
**
Hay cosas que podrían ser de otro modo.
Hay otras que no.
**
Irreversible: El tiempo lo destruye todo.
**
Guardo dos compases de respiro.
(...)
Guardo dos compases de alivio.
(...)
**
Hay cosas que podrían ser de otro modo.
Hay otras que no.
**
Irreversible: El tiempo lo destruye todo.
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Octopus Queque
Sonic Youth - The Diamond Sea
miércoles, 25 de marzo de 2009
throw all his trash away
look out he's here to stay
your mirror's gonna crack when he breaks into it
and you'll never never be the same
look out he's here to stay
your mirror's gonna crack when he breaks into it
and you'll never never be the same
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Octopus Queque
Verdad #21
viernes, 20 de marzo de 2009
Hay ciertos momentos en la vida en que, cuando la gente (entendiendo aquí por "gente" algo así como tu persona más cercana de alguna esfera vivencial) empieza a fallarte, es cuando más la necesitas. Y no puedes decir nada, porque hay tratos, hay deber, hay limitaciones y la institución de la promesa.
Y necesitas una bofetada. Una bofetada ajena que te diga "Nada va a salir bien y lo sabes".
Y la gente falla.
Y tú tocas fondo, pero sigues cavando.
Y necesitas una bofetada. Una bofetada ajena que te diga "Nada va a salir bien y lo sabes".
Y la gente falla.
Y tú tocas fondo, pero sigues cavando.
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Octopus Queque
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